Un año de trabajo para llevarte hasta tu casa el mejor heno natural, de praderas del Pirineo. Trabajamos de forma tradicional, respetando los tiempos naturales de la tierra, sin aditivos, purines ni fertilizantes químicos.
Hacemos un pastoreo rotativo con nuestros propios caballos, que nos ayudan a mantener los prados limpios y, al mismo tiempo, los abonan de forma natural y favorecen la regeneración del manto verde que forman nuestras praderas.

Pastoreo, todo el año
El trabajo no empieza en la siega: empieza mucho antes, con los caballos. Los vamos moviendo de prado en prado a lo largo del año, un pastoreo rotativo que hace dos cosas a la vez: mantiene la hierba a raya y, con su propio abono, devuelve a la tierra lo que necesita para regenerarse de forma natural. Sin purines, sin herbicidas, sin abonos químicos de ningún tipo — solo el ciclo de siempre, el que ya funcionaba en estas praderas antes que nosotros.

Una sola siega, cuando toca
Nuestras praderas están a 1.470–1.700 metros de altura, en el Pirineo de Lleida. Ahí arriba la primavera llega tarde y la hierba crece despacio, así que la temporada de siega no empieza hasta finales de junio, y se alarga hasta mediados de agosto según el año. Cortamos una sola vez —no forzamos una segunda siega, como sí se hace en prados de más abajo— y de esa única siega sale un heno de caña corta, con más fibra y minerales, y la máxima digestibilidad. Nuestros prados de secano, además, dependen solo de la lluvia y de si ha nevado en invierno: no hay riego que corrija un mal año.

Del prado al pajar
Después del corte, el heno se seca al sol, aireándolo durante tres o cuatro días antes de recogerlo y empaquetarlo. Luego se guarda en los pajares adjuntos a la casa, lo que conserva su color verde y ese aroma que lo distingue en cuanto se abre una bolsa.
Durante todo el proceso medimos la humedad y la temperatura: mientras se seca, justo después de embalarlo, y ya guardado en el pajar. Es la única forma de asegurarnos de que el heno llega a su punto justo de curación y secado.

Lo que dice el análisis
No nos quedamos con nuestra propia palabra: mandamos analizar el heno a laboratorio. El dato que más nos importa es la materia seca —el contenido real de alimento—, porque ahí se nota la diferencia entre un heno de primera y uno peor. Un heno bueno debería rondar el 82%; el nuestro da un 92,6%. El resto del análisis acompaña: fibras FND 56,33%, fibras FAD 32,53%, proteínas 9,32%, minerales 7,07%, lignina 4,59% y una digestibilidad del 63,56%.

Solo nuestro heno
No revendemos heno de terceros ni dejamos que se comercialice con otro nombre, ni para caballos ni para conejos. Lo que sale de Piriheno es heno que hemos cultivado, segado, secado y guardado nosotros mismos, de nuestras propias praderas del Pirineo.
Por eso decimos que es un año de trabajo: no es una forma de hablar. Desde que sacamos los caballos a pastar hasta que abres la caja en casa, ha pasado casi un año entero cuidando el mismo prado.