Prado de siega con pacas de heno en hilera y la montaña al fondo

Comprar heno directo al productor: registro y controles de calidad

Cuando compras heno no compras solo hierba seca: compras el trabajo de todo un año y la garantía de que ese forraje es seguro para tu animal. Y ahí la diferencia entre comprarlo a un intermediario o directamente a quien lo produce es enorme.

Qué ganas comprando directo al productor

Sin intermediarios, el heno llega antes y más fresco —del pajar a tu puerta— y no pasa meses almacenado en naves de terceros. El precio es más justo, porque no lo encarecen varias manos por el camino. Y, sobre todo, sabes de dónde viene: la pradera, el mes de corte y quién lo ha hecho. Si algo no encaja, tienes a una persona al otro lado del teléfono que responde por su producto, no un código de barras anónimo.

Esa cercanía es también información: un productor te puede explicar por qué su heno tiene ese color, ese olor o esa proporción de tallo y hoja, y adaptarse a lo que necesita tu cuadra o tus conejos.

Tractor trabajando en el prado segado, con el heno en hileras y el Pirineo al fondo

Nuestras praderas de Lles de Cerdanya, a 1.500 metros, durante la siega.

PIRIHENO FABRICANTE N: ESP25990001

El número de fabricante: quién responde por el heno

Un productor legal está dado de alta en los registros que le corresponden y tiene un número que lo identifica. En el forraje para alimentación animal, eso significa estar inscrito como operador del sector de la alimentación animal, con su número de registro —en Piriheno, el ESP25990001—. No es burocracia: es lo que convierte una venta en algo trazable.

Ese número quiere decir que hay una empresa real detrás, sujeta a inspección, que responde de lo que vende y que puede rastrear cada lote hasta la pradera de la que salió. Cuando se compra heno «suelto», sin factura ni registro, no hay nada de eso: ni trazabilidad, ni responsable, ni garantía.

Los controles de calidad que hay detrás

Producir heno con garantías obliga a controlar el producto en cada fase. Estos son los que más importan:

La humedad, el control número uno

Medidor de humedad comprobando el grado de humedad del heno ya empacado

El heno se empaca seco, con la humedad por debajo del 15-20 %. Si se empaca húmedo, dentro de la paca fermenta: pierde valor nutritivo, cría moho y deja de ser apto para el animal. Medir la humedad antes de empacar —con sonda o por la experiencia sobre la propia hierba— es lo que separa un buen heno de una paca perdida.

La temperatura de las pacas

El trabajo no termina al empacar. Las primeras semanas en el pajar, una paca que se calienta por dentro está avisando de que llevaba demasiada humedad: fermenta, se enmohece y, en casos extremos, ese calentamiento puede llegar a provocar combustión espontánea. Por eso se vigila la temperatura de las pacas recién hechas y se almacenan de modo que el aire circule entre ellas.

Vista, olfato y tacto

Balas de heno verde en primer plano, con el tallo fino bien visible, junto a la casa de la explotación

Un heno de calidad se reconoce: color verde, olor a hierba seca —nunca a humedad ni a cerrado—, tallo fino, poco polvo y nada de moho. Es el control más antiguo y sigue siendo imprescindible en cada lote.

Trazabilidad por pradera y corte

Saber de qué prado y de qué mes de corte viene cada paca cierra el círculo: si algo falla, se puede localizar; y si un heno funciona especialmente bien, se puede repetir.

Cómo lo hacemos en Piriheno

Nuestro heno es de producción propia, segado en nuestras praderas de Lles de Cerdanya, en pleno Pirineo, a unos 1.500 metros, y sale de una explotación registrada, con factura y trazabilidad. Los mismos controles de humedad, temperatura y estado que aplicamos al heno que comen nuestros propios caballos son los que aplicamos al que te enviamos: no hay dos calidades.

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Ver el heno de Piriheno