Producir un buen heno cuesta un año de trabajo, y ese trabajo se puede perder en unas semanas con un mal almacenaje. La conservación en la cuadra es tan importante como la cosecha, y depende sobre todo de una cosa: la humedad.
El enemigo sigue siendo la humedad
El heno se guarda seco y se tiene que mantener seco. La humedad, venga del suelo, de una gotera o del aire de un local mal ventilado, favorece el moho y la fermentación. Un heno con moho no es apto para el consumo: puede provocar problemas respiratorios y digestivos, y en el caballo es una causa conocida de alergias de las vías respiratorias.
Del suelo y de la pared
Las pacas no deben apoyar directamente sobre el suelo, que casi siempre transmite humedad. Lo habitual es colocarlas sobre palés o listones que dejen circular el aire por debajo, y separadas unos centímetros de las paredes. Ese hueco de ventilación por debajo y por los lados es lo que evita que la cara en contacto se pique.
Ventilación y luz
Un pajar o almacén con ventilación permite que la humedad que suelta el propio heno se vaya en lugar de quedarse. A la vez conviene protegerlo de la lluvia y del sol directo: la lluvia lo moja y el sol constante degrada su color y sus nutrientes. El sitio ideal es techado, aireado y en penumbra.
Orden y rotación
Conviene consumir antes el heno más viejo y dejar el nuevo detrás, para que ninguna paca se quede olvidada demasiado tiempo. Revisar de vez en cuando el olor y el color ayuda a detectar a tiempo cualquier paca que se haya humedecido. Un heno sano huele a hierba seca, no a cerrado ni a moho.
Así lo guardamos nosotros
En nuestra explotación el heno se cura y se guarda en el pajar antes de prepararse para el envío, que hacemos de forma manual. Cuidar la conservación es parte de que el heno llegue a tu cuadra tal como salió de la pradera.