Manos inspeccionando la calidad de un puñado de heno a contraluz

Cómo saber si un heno es de calidad: color, olor y polvo

No hace falta un laboratorio para juzgar un heno: con la vista, el olfato y las manos se aprende casi todo lo que importa. Estas son las cuatro señales que conviene mirar antes de dárselo a un animal.

El color

Un buen heno suele tener un color verde apagado, aunque un heno de secano puede ser más pálido o amarillento sin que eso reste calidad, siempre que conserve la planta entera. Lo que sí es mala señal es un heno descolorido o pardo por la lluvia, o con manchas oscuras, que suelen delatar humedad o moho.

El olor

El olfato es uno de los mejores jueces. Un heno sano huele a hierba seca, agradable y limpio. Cualquier olor a cerrado, a humedad o a moho es motivo suficiente para descartarlo: significa que se ha guardado mal y ya no es apto para el consumo.

La textura

Al cogerlo con la mano, un buen heno tiene una mezcla de hoja y tallo, no solo cañas duras. La hoja es la parte que más nutre y la que más aceptan los animales; un heno que es casi todo tallo grueso alimenta menos y se aprovecha peor.

El polvo

Un heno de calidad suelta poco polvo al moverlo. El exceso de polvo irrita las vías respiratorias, algo especialmente delicado en caballos, propensos a las alergias respiratorias. Si al abrir la paca se levanta una nube, es una señal de alarma.

Heno no es paja

Conviene no confundir un heno amarillento pero completo, con sus hojas y semillas, con la paja, que es solo la caña de la planta una vez separado el grano y prácticamente no aporta nutrientes. Un heno de verdad lleva la planta entera; la paja sirve de cama, no de alimento.

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