
Piriheno no empezó como un negocio de heno. Empezó porque teníamos caballos y no nos convencía nada de lo que podíamos darles de comer.
Hace doce años decidimos tenerlos en casa y producir nosotros mismos su heno: a la manera tradicional, sin herbicidas ni fertilizantes químicos, buscando sencillamente el mejor alimento posible para ellos. Así nació Paddocks Cerdanya, una explotación equina extensiva en un pueblo pequeño de la Cerdanya, en pleno Pirineo de Lerida, a casi 1.500 metros de altitud.
Sin atajos, por convicción
No echamos a la tierra nada que no quisiéramos ver después en el comedero. Nuestras praderas se trabajan sin herbicidas, sin fertilizantes de síntesis y sin conservantes. La fertilidad la ponen los propios caballos y la rotación de los prados, no un saco de abono químico. No es una etiqueta de marketing: es la única forma de trabajar que entendemos desde el primer día, y es lo que de verdad nos diferencia.
Los caballos, primero
Nuestros caballos viven en manada, en libertad, pastando nuestros prados de forma rotativa durante todo el año. La rotación no es un detalle menor: da a cada parcela el tiempo de recuperarse, y es lo que mantiene la pradera viva y fértil sin necesidad de abonarla químicamente.
Intentamos que vivan lo más parecido a su estado salvaje sin perder el contacto cercano con nosotros. El invierno aquí es duro —estamos a casi 1.500 metros— y aun así siguen fuera, en el prado, suplementando su alimentación únicamente con nuestro heno, a voluntad.
Y de ahí, el heno
Segamos las mismas praderas en las que pastan, entre 1.470 y 1.700 metros de altitud, con un único corte de junio a julio, cuando la hierba está en floración temprana. A esa altura la hierba es de crecimiento lento: tallo fino, hoja abundante y poca lignina. Es la razón por la que un heno de montaña alimenta mejor que uno de valle segado tarde.
Después se seca al sol, sin forzar, y se embala en la propia parcela. Nada de aditivos, conservantes ni prensado en caliente. El heno que vendemos es exactamente el mismo que comen nuestros caballos —de alta montaña y de un solo corte—, y esa es toda la garantía que sabemos dar.
La explotación, en imágenes
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