A diferencia del pienso o de la verdura, el heno de un conejo no se mide en cucharadas ni se da a horas fijas: se ofrece a voluntad, todo el día. Y no es una cuestión de comodidad, sino la base de cómo funciona su cuerpo.
Cuánto come un conejo
Como referencia, un conejo adulto sano come cada día un volumen de heno parecido al tamaño de su propio cuerpo. No hace falta pesarlo: lo importante es que nunca se quede sin él, de modo que siempre tenga hebra que masticar. Un buen indicador es que en el comedero quede algo de heno cuando lo repones; si se termina y pasa horas vacío, estás dando poco.
Por qué a voluntad y no a raciones
El aparato digestivo del conejo está pensado para recibir fibra de forma continua, no en comidas separadas. Cuando el heno está siempre disponible, el tránsito intestinal no se detiene, que es justo lo que necesita para funcionar. Racionar el heno, en cambio, deja huecos sin fibra que su digestión no lleva bien.
Unos dientes que no paran de crecer
Los dientes del conejo crecen durante toda su vida, y la única forma de desgastarlos es masticar material fibroso muchas horas al día. El heno cumple esa función mejor que ningún otro alimento: obliga a un movimiento de masticación largo y lateral que mantiene los dientes a raya. Sin suficiente heno, aparecen problemas dentales que luego son difíciles de corregir.
Cómo saber si come lo suficiente
Un conejo que come bien produce muchas heces, redondas y de tamaño uniforme, y mantiene un peso estable. Si notas que las heces se hacen más pequeñas o más escasas, o que el animal pierde interés por el heno, conviene revisar la dieta y, si persiste, consultar al veterinario.
Heno sí, ¿y el resto?
El heno debe suponer la mayor parte de la dieta, en torno a cuatro quintas partes de lo que come. El resto lo completan una ración de verdura de hoja adecuada y una cantidad pequeña de pienso de calidad. La verdura y el pienso acompañan; el heno es la base.